No sé...
Ayer te eché de menos, hoy extraño la sensación de echarte de menos.
Ayer te eché de menos, hoy extraño la sensación de echarte de menos.
Vagamundos, llegaste a mí cuando aborrecía primaveras y me refugiaba en los otoños de mi pasado, empezaba a leerme a mí misma y escribía sobre todo y nada; y la casualidad quiso que me leyeras.
Viste entre mis letras, mis nostalgias quebradas, mi soledad mezclada en el silencio, mis sueños y mis sentimientos más allá de ellos.
Me veías entre falta de acentos...y me dejabas que yo te viera a ti, dejándome tus huellas de vagamundos, poeta, bohemio de espíritu libre y creador del talento que innato te corre por la venas; pasión, amor, desintoxicación del pasado y con todo ello un hombre que siempre deja huellas.
Creíste en mí, como hacía tiempo nadie lo hizo, me enredaste en la oportunidad que a veces el azar te da en la rueda de la vida, me esperaste, y ahora seré tu amiga para toda la vida, porque al hacerlo, empecé a descubrirme a través de mis propias letras, con asombro, dedicación, cariño, empecé a amarme a mí misma. Sólo por darme tu mano, muchos lectores/as, me han visto por dentro.
Te escribo con cariño y agradecimiento, te escribo con un compás de tiempo y esperanza entre mis dedos, te escribo desde mi yo de escritora, de amiga, de mujer que tantas veces se ve reflejada entre tus letras, cuando nos ensalzas, nos adoras, y nos pones en ese pedestal que solo tú sabes crear.
Llegaste a mí, sigues en mí y humildemente mis letras ahora son para ti.
Te quiero Vagamundos.
F ácil es quererte
E llas y...
R ealidad entre letras
N i nadas
A mores
N ostalgias
D iario de vida
O da a la pasión.

Estoy empezando a dibujarte lentamente.
Me muevo, te mueves, te escribo sin pararme a pensar en nada que vaya más allá.
Hoy, he sonreído al pensarte.
Hoy, he cantado al recordarte.
Mañana no podré olvidarte.
Ahora, el olor de tu nombre, me impregna la piel; te dibujo casi sin querer.

Despacio, mírame sin pensar que la luna nos observa.
Haz como la última vez, desenreda los nudos que me atan a tantos porqués.
Debajo de mi ropa descansa mi piel, a veces está fría, se arropa en el calor de miradas de algunos desconocidos, que buscan, creen, imaginan, que sus miradas despiertan un no sé qué...que yo controlo muy bien.
Sucede porque al ser mujer, me despierto en ti, duermo en él, soy un abrazo del ayer, o una ilusión del mañana que yo decidiré.
Mi cuerpo no te reconoce a veces en otras manos, pero si sabe cuando tus dedos desean tocarme por debajo de la ropa en la que escondo las cicatrices de besos olvidados, caricias que nunca hablaron, corazones enganchados en interminables capítulos de miradas caducadas, en la sed de unos labios, en el sexo apresurado que quedó atrapado en el asfalto que sujeta portales, y diminutos espacios con un volante entre las manos.
Entre mis piernas han nacido nuevas vidas, han nacido gemidos guardados en manos que creían conocerme, han nacido incluso lágrimas al borde del placer que nunca duerme, y allí también podrás reposar tú, cuando aún el anochecer se reflejé en la luna de ayer.
Me sucede porque soy mujer, decido cuando y porque, unas manos que antes no me hayan mirado, podrán perderse entre mi sexo que tanto ha dado.

Una mirada, unas manos buscando lo que no digo con palabras...un estremecimiento, me pierdo en la noción del no...tiempo.
Un gesto, la calidez de tus labios...antes de verte ya deseaba tus besos.
Tenía guardado un ácido beso...lo has borrado al atreverte a robarlo.
Te deseo...pero aún no me has ganado.
Deshacer el amor...inventarlo de nuevo, sé, puedo, quiero...¿te atreves tú? o ¿voy yo?
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Estoy intentando encontrar razones para dejar de escribir, no sentir, o dejar de verte a ti.
Se tiene que olvidar de mí la inspiración para no escribir, tengo que morir para no sentir, para no verte a ti sólo tengo qué decir no.
Qué frágil soy conmigo misma cuando no me escribes a mí, y la escribes a ella, no me ves, pero la perfilas siempre entre letras...a ella; intento encontrar motivos para no verte, aunque ya me hayas besado.
Quizás los encuentre, pero no podré olvidarme de tus labios.
Quizás te diga no, pero no te importará, si ella dice sí.
Me llamo silencio...entre tus dedos, y silencio seré para ti, aunque haga calor en invierno.
Hoy he estado todo el día contigo.
No me has visto, ni mirado, no has probado mis labios; pero he estado junto a ti.
Y he imaginado, tus manos en mi cuerpo, tus labios buscando secretos en mi nombre, tu mirada al comprobar que te deseo, tus pasos caminando sin mí, pero junto a mí.
No me has buscado, ni sentido, pero he estado contigo, sin mí, pero a tu lado; junto a ti, pero sin ti, en mí, por ti; soy para ti, sin ser de ti.
He perdido el rastro de aquellas sonrisas, caricias y palabras que descansaban en mi memoria cuando era niña.
Son rastros que de alguna manera han muerto en el camino de mi vida. Hasta hace poco creía estar a tiempo de poder perdonar, pero no sé hacerlo, resulta muy difícil esbozar una sonrisa, cuando aún sé que vendrá el final de muchos lazos, que ya no soy capaz de sostener; a pesar de mi esfuerzo durante años por conseguirlo, hoy he visto, que definitivamente debo cambiar de forma radical y así al menos, dejarán de hacerme tanto daño.
En estos días me he sentido terriblemente sola, y sin ser culpa de nadie, se ha debido únicamente, a ser consciente en breves momentos, que estás atrapada en esos callejones sin salida que te regala la vida, y que por más que lo intentas, nunca consigues que te miren de frente, a pesar de qué yo, siempre mantengo mis ojos muy abiertos al mundo y a la esperanza. Pero mañana sé, que seré diferente, porque siempre me sucede después de un día envuelto entre lágrimas.
Llevo años luchando por entender a una madre, que prefiere ayudar a quién no soy yo, entender porque hace mucho decidió que sencillamente yo no la necesitaba, llevo años intentando comprender...porque, incluso ahora que tanto la necesito, me deja sola.
Hay días que dar lo que no me dieron a mí, es un reto que me hace coger fuerzas de dónde no las hay.
Y quizás debo cambiar más de lo que imaginaba, intentar superar una relación rota, que no me deja en libertad, y acostumbrarme a vivir sabiendo que yo además de todo eso, debo ser fuerte para ser hacia mis hijas la madre en la que encontraran el estimulo necesario para entender la vida; y es difícil cuando no he tenido una buena maestra para dar el relevo.
Pero aunque ahora lloro, me sentiré en paz cuando vea a mis hijas sonreír; sólo quiero darles, lo que a mí no me han dado.
Y en estos momentos soy incapaz de perdonar, soy incapaz de comprender. Pero sin embargo, he necesitado más que nunca, dejar mi alma desnuda entre estas letras. Y me siento muy bien, por ser capaz de expresarlo.
Y hoy al mirar al cielo, le he dicho a mi padre en voz alta y sin querer: Lo siento, me gustaria fingir para que creas que todo va bien, pero duele demasiado...pérdoname.
Dejaré de llorar, y esto también pasará.
Disculparme sin estoy temporalmente en silencio.

Mi primer premio, concedido por obolog
Segundo premio Dardo 2008, concedido por Fernando R.Ortega
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