Manos clavadas
Mis manos, clavadas en la pared arañan tu egoísmo.
Tú, das la espalda a los clavos que me hieren
yo, de frente le doy un revés al desdén.
Tus ojos ya son, los cerrojos de la parte de mi cuerpo
que aquella vez te estudio en el diáfano espacio creciente entre los dos.
Los espacios mueren entre tu vida y la mia, tu boca germina en las palabras hirientes
que aplastan mi sensibilidad de mujer.
Mis pies cuelgan al borde del desamor, y tú, te encadenas
en el ego que ha crecido en tu interior.
Abro la ventana que no alcanzas, los clavos caen al baúl de recuerdos que nos separa.
Me dispongo a abrir la puerta del deseo que me falta,
me preparo a recibir otras manos que acaricien el cuerpo que tú, dejaste helado
después de varias madrugadas.
Y ahora silencio, nace un nuevo sentimiento.


